Legorreta + Legorreta, que es la denominación que Ricardo Legorreta y su hijo Víctor dan a su estudio, partiendo de un bloque engañosamente plano y hermético, de la mano de Chillida, nos proponen participar en esa misma discusión. Los arquitectos, siguiendo al escultor, se disponen a incluir espacios vacíos en la monotonía del plano, a horadar la materia para que la luz irrumpa en el espacio interior antes oscuro. Puede parecer increíble, pero se trata de edificar un espacio habitable.
El espacio por excelencia lo encontramos dentro, traspasadas las puertas, en el impresionante atrio. Para conseguir este especio sorprendente en el centro del edificio hubo de recurrir a una estructura mixta, metálica y de hormigón, en la que las últimas cuatro plantas están colgadas de unas vigas de importantes dimensiones en cubierta.
A partir de un bloque compacto, Legorreta, como un escultor, labra la materia y genera espacios vacíos a los que aporta luz. Así nacen el atrio, núcleo y alma del Hotel, y los demás ambientes, igualmente sorprendentes.
El gran ventanal orientado al sur y un espectacular lucernario en la planta diez iluminan el atrio durante el día. Esa luz natural, sumada a la que nace de dentro del edificio, genera juegos visuales de extraordinaria belleza.
